Pocos lugares existen como éste dentro de nuestra región, en donde parece que el tiempo se detiene y en donde te encuentras contigo mismo, conectando a través de los cinco sentidos con todo el entorno que te rodea. La tranquilidad, la paz que se respira, la exuberancia de la vegetación circundante, el vuelo incesante de las rapaces sobre tu cabeza..; todos estos factores te hacen pensar que estás en alguna selva perdida de otro continente, pero no es así, ya que estás dentro de nuestro privilegiado PN Los Alcornocales.

Caminando sobre hojarascas de alcornoques, quejigos, madroños, durillos y avellanillos

Nada más empezar en la ruta de media montaña, te encuentras con una laguna artificial en donde el paisaje se refleja en sus cristalinas aguas, en donde sacian su sed multitud de animales salvajes, donde crecen plantas acuáticas y donde crían numerosos anfibios.

Laguna artificial de aguas mansas y cristalinas

Cuando te sigues adentrando en la espesura del bosque, siempre paralelo al arroyo del Salado, afluente del majestuoso y virgen río Hozgarganta, los alisos de ribera son los principales protagonistas, los cuales intentan buscar algo de luz solar entre la espesura.

Aliseda del arroyo del Salado

Sorteamos este arroyo con precaución, ya que cuando va crecido suele ser un tanto complicado pasar al otro extremo, por lo que habrá que pisar sobre seguro y no caer al agua de un traspiés. Se observan grandes colonias de verdes helechos reales y helechos comunes, sobre las rocas y lajas de arenisca silícea conforme nos vamos adentrando arroyo arriba

Helechos reales sobre el verde musgo
Helecho común o helecho águila más expuestos a la luz solar
Helechos comunes en grietas de arenisca

Ya se escucha el sonido ensordecedor de la catarata o chorréon principal de la ruta, un salto de agua que emana desde lo más alto de una laja vertical, por la que discurre en caída libre formando una cola de caballo o velo de novia de una belleza descomunal. Es conocida por la Crica o Chorreón del Salao por los lugareños de la zona, ya que pertenece a dicho arroyo. Aquí en este lugar idílico, el tiempo se detiene y es cuando empiezas a poner los cinco sentidos en alerta ante tal majestuosa belleza. Invita a la meditación, reflexión, relajación; pueden pasar horas y horas que nunca te cansarás de estar en este recóndito lugar disfrutando de tan bello paisaje.

La Crica o Chorreón del Salao

Tras deleitarnos con este paisaje tan espectacular, digno de un cuento de hadas, procedemos a ascender por una fuerte rampa resbaladiza de musgo y líquenes, hasta llegar a una zona de alcornoques muy desgastada por el terrible fenómeno conocido como ¨La Seca», el cual por desgracia, está acabando lentamente con los alcornoques de nuestro parque natural.

Cementerio de alcornoques (Quercus suber) afectados por la Seca

Ya arriba en la cima, una pequeña meseta da el paso a un verde prado, donde los ungulados como venados, gamos, muflones y jabalíes, pastan tanto al amanecer como al atardecer plácidamente. Las ruinas de una casa, una huerta abandonada y una pequeña alberca casi seca, son testigos directos de que allí la presencia humana tuvo lugar en tiempos pasados. Esta zona es conocida como la «Huerta del Salao» y la alberca de «San Antonio». Además, se encuentran dispersas por esta zona, varias tumbas antropomorfas, de las cuales no se sabe a ciencia cierta su origen, aunque se cree que pueden ser de origen prehistórico( Neolítico) o protohistórico ( musulmán, cristiano, visigodo…).

Tumba antropomorfa (con forma humana) de nuestros antepasados
Las ruinas de la casa de la Huerta del Salao
Hito de piedras en forma de gran flecha que te indica el camino a seguir

Una vez que hemos dejado la Huerta del Salao, nos dirigimos hacia un promontorio desde donde se divisa todas las montañas, cuevas, barrancos, buitreras, cascadas… del impresionante entorno que nos rodea. En este lugar las vistas son totalmente espectaculares, pudiendo respirar oxígeno puro y sintiéndote libre como un pájaro.

Tajo de Tianica
Al fondo se observa el cañón de las buitreras y justo debajo el popular Charco de las Palomas.
Al este Sierra Crestellina y Sierra Bermeja
Laderas cubiertas de alcornoques sacudidos por el fuerte impacto de la Seca

Después de contemplar tan estupendas panorámicas desde lo más alto, nos adentramos ya en pleno bosque de durillos, avellanillos, madroños, brezos y quejigos. Las veredas están cubiertas por un tupido manto de hojas secas, que la acción del viento y la muda del otoño la han decorado de forma natural así.

En este entorno sombrío, donde los musgos, helechos y líquenes encuentran su lugar idóneo para vivir, también en época otoñal e invernal, bajo la hojarasca y cercana a los pequeños cursos de agua de arroyos y charcas, nos podemos encontrar con multitud de setas, tanto comestibles ( chantarelas, parasoles, yemas, boletus…), como no comestibles, de escaso valor culinario o incluso tóxicas o mortales.

La deliciosa chantarela o rebozuelo ( Cantharellus subpruinosus)
Rebozuelo un poco más seco
Recolectando chantarelas ( Cantharellus cibarius)
La seta más mortífera del PN Los Alcornocales, la oronja verde ( Amanita phalloides)
Tan llamativa y tan mortal, la oronja verde

Ya se divisa a lo lejos la gran laja de arenisca silícea de las Buitreras, y sobrevolando el cielo azul, multitud de carroñeros o buitres leonados ( Gyps fulvus). A esta zona se le conoce como el gran Cañón de las Buitreras, ya que aquí anidan cientos de rapaces necrófagas en sus vertiginosa paredes, junto a una importante colonia de alimoches.

Pajarracos sobrevolando el cañón
Buitrera con sus inquilinos
Coronando cima en el Cañón de las Buitreras

Una vez contemplado el espectáculo de los buitres leonados en el gran cañón, bajamos por las grandes lajas de arenisca hasta llegar al popular Charco de las Palomas, el cual se denomina así por la presencia de grandes colonias de palomas torcaces que sacian su sed en este inhóspito lugar. El paso de cientos de años ha erosionado la roca arenisca, moldeando este paisaje en el que los arroyos Júcar y Salado, se unen para formar varios saltos de agua y chorreras que son el deleite de todos aquellos aventureros que se disponen a buscarlos.

Charco de las Palomas
Aguas oscuras y mansas ricas en óxidos de hierro

Y tras este bello paisaje, de máxima protección de categoría A, finalizamos nuestra aventura por uno de los parajes más recónditos y hermosos del PN Los Alcornocales, en donde la fauna salvaje, la flora autóctona,el arte rupestre y funerario, las cascadas y chorreras…se unen para formar un veradero paraíso selvático en nuestra tierra.

¡Nos vemos en las montañas, hasta la próxima aventura caminantes, y recordad siempre que la madre naturaleza es nuestro hogar, así que cuidémoslo como se merece!